jueves, 3 de marzo de 2011

Ciego en la Bruma

Es notable cómo, a partir de algunas experiencias de la vida cotidiana, nos ponemos a pensar o repensar ciertas cuestiones que podríamos considerar acabadas. Es lógico, en la vida real se cristaliza todo eso que decimos o pensamos sobre determinado tema, pero que muchas veces no tocamos. La práctica, o mejor dicho, las prácticas ponen en evidencia el conjunto de políticas sociales y sus consecuencias para el conjunto de las personas. Esto es así siempre. Y eso me pasó hace unos días cuándo me fui de vacaciones al norte. Tucumán, Salta y Jujuy. Sobre todo en las dos últimas, me llamó la atención la diferencia que encontré con años anteriores. No atribuyo esos cambios a la especial aplicación de políticas nacionales focalizadas, sino al normal desarrollo y al crecimiento del turismo en la región. Como sea, ese “crecimiento” no me gustó mucho porque le saca mucho de pintoresco y de autóctono al lugar. Pero ese es otro tema.
Volviendo un poco al punto, lo que me llamó la atención fueron algunas menciones de las obras y las medidas tomadas por el gobierno nacional. No tuve la oportunidad (aunque tampoco era mi intención, es decir, no era la “razón” de mi viaje) de hablar demasiado con la gente de allá, o mejor dicho, no hablé con demasiada gente, pero con la que lo hice, lo hice en profundidad. En las charlas que tuvimos siempre surgió el tema del gobierno de Cristina y de las mejoras que trajo para la provincia, ya sea Jujuy o Salta. El tema es el siguiente: las personas de allá notan cambios muy fuertes, mejoras según ellos, en temas que hacen a la vida cotidiana. Por ejemplo, una señora (Tita) en Salta, me habló de la importancia de la asignación universal por hijo y del enorme beneficio que significaba para el conjunto de las personas. Particularmente a ella no la afectaba ya que era docente, con hijos grandes y a punto de jubilarse. Pero mencionó el caso de una señora amiga de ella que “no podía creer que le estén dando tanta plata” (en palabras de la señora).
Otra de las cosas que rescataba Tita de la actual gestión es el crecimiento del trabajo en blanco en los viñedos (de la zona de Cafayate). Según ella el trabajo en los viñedos era casi esclavo, se pagaba una miseria por cada canasta de uvas recolectada y tenía un gran porcentaje de trabajo infantil. Aclaro: todas estas consideraciones están basadas en los testimonios de las personas con las cuales tuve el gusto de charlar; aunque me hubiera gustado, no pude comprobar la veracidad de lo que me contaban. Pero para el caso es lo mismo, lo importante en esta oportunidad es entender cómo captan las medidas y que representaciones pueden tener estas personas del gobierno nacional.
Por otra parte, Tita se encargó de defenestrar a la “oposición de derecha”, especialmente a personajes como Macri, y muy especialmente al impresentable, y también salteño, Olmedo. Digo esto para que entendamos que Tita no hablaba por hablar, sino que más allá de cualquier tipo de juicio de valor, tenía argumentos e ideas bien fundamentadas. Incluso se animó a hacer un paralelismo entre Cristina y Eva Perón.
También escuché voces a favor del gobierno por las inversiones provinciales, -es increíble como están funcionando las rutas, decía José en Purmamarca. -Yo no soy kirchnerista, pero acá hay mucha gente que la va a votar, nos contaba.
Verdaderamente los testimonios son conmovedores, el tema es; cómo hago para no creer que estas son medidas demagógicas, la palabra puede sonar un poco fuerte, pero digamos que considero que son medidas que no implican un cambio sustancial en la integración popular, y por lo tanto creo que son inconsistentes y sólo sirven para captar la atención de algunas mentes progresistas (en el sentido más peyorativo de la palabra).
Entendamos: a simple vista, o mejor dicho para que no suene simplista, para la visión de algunos, el gobierno nacional impulsa una serie de medidas que tienden a la integración de todas las regiones del país y a la ampliación de la participación del sector popular. Ahora bien, yo me pregunto cómo es posible creer en un proyecto de integración popular, en el sentido de aumentar la intervención de las clases subalternas en la toma de decisiones y en la vida política del país, cuando queda demostrado que el conjunto del campo popular está marginado. El problema es que es el propio gobierno kirchnerista el que se propone como “integrador”, como canalizador de las demandas populares. Este es un problema central, ya que si creemos, tal como pretenden algunos, que la integración de todos los sectores sociales dentro de un gobierno democrático pasa por blanquear a algunos trabajadores o por promover medidas asistencialistas, estamos en un problema grave. Corresponde aplaudir las políticas nacionales destinadas a terminar con el trabajo en negro, pero es imposible una mejora definitiva a largo plazo mientras se mantengan las relaciones de explotación actuales; deberían ver, por ejemplo, los cascos de estancia de los dueños de los viñedos en los que trabajan los ‘blanqueados’. Quiero decir, este gobierno demuestra una y otra vez que no se propone combatir los grandes conglomerados nacionales y multinacionales (¿que diferencia hay cuándo se trata de grandes conjuntos económicos capitalistas?). Queda demostrado con el apoyo a las grandes empresas dedicadas a los agronegocios o a las también gigantes y muy contaminantes mineras.
Lo “nacional y popular” es imposible mientras el kirchnerismo se siga apoyando en la nefasta CGT moyanista, que justamente niega, combate y reprime las expresiones populares y masivas. Lo mismo sucedió durante el gobierno de Néstor cuando se les dió la espalda a importantes organizaciones piqueteras de carácter popular (realmente “integradoras”), y se dejó como mayor exponente del movimiento a D’elia. Recordemos que, por lo menos, el gobierno de Perón tenía auténticos representantes de la clase obrera en el Congreso.
Justamente este mismo gobierno se encargó, con estrategias políticas específicas, de ocupar muchos espacios pertenecientes a organizaciones piqueteras, cumpliendo las mismas funciones que éstas en numerosas barriadas del conurbano bonaerense de la mano de sus organizaciones aliadas. Mecanismo sutil si los hay, que pretende imponer su máscara progresista, pero que implica una forma más de control social.
Por lo tanto, la pregunta que debemos hacernos, una vez más, es cuál es el entramado político detrás del proyecto “nacional y popular” y que consecuencias tendremos a largo plazo en la construcción de un país verdaderamente integrador.

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